¿Arde el Reichstag?

“La bomba de Piazza Fontana, en Milán, el 12 de diciembre de 1969, fue la respuesta del Estado al Otoño caliente, y la masacre sirvió de pretexto para una dura represión que utilizó como chivos expiatorios a los círculos anarquistas radicales. Días después, en la misma Piazza Fontana y en las puertas de las grandes fábricas de Milán, podía recogerse el panfleto de la I.S. que reproducimos, ejemplo único de comprensión en el acto del montaje secreto estatal que solamente mucho más tarde algún que otro militante “extremista” osaría tímidamente señalar.” (de : UN TERRORISMO EN BUSCA DE DOS AUTORES Documentos sobre la revolución en Italia – VV. AA.)

El cuento de triángulos anarquistas mediterráneos, antisistemas entrenados por jarrai, griegos e italianos según se tercie ,que se reivindican del insurrecionalismo y vienen a adoctrinar a España, etc… es ya muy viejo, es el
fantasma recurrente de los servicios que se encargan de las cloacas del estado. Reapareció en los 90 y vuelve a cada poco.
La intoxicación provocación sirve para la posterior oleada de represión y encarcelamientos sin demasiados recatos. Se trata de reforzar etiquetas precisas: anarquistas, antisistemas, violentos, terroristas… que
en un proceso progresivo intentaran ocultar cualquier naturaleza humana de aquellos a los que aludan convirtiéndolos poco menos que en alimañas con permiso para ser exterminadas.
Desde hace un tiempo, vienen saliendo de nuevo noticias en los medios acerca de un supuesto terrorismo anarquista que amenaza la integridad de este sistema democrático y que es usado por la policía como renovado espantapájaros terrorista tras la retirada de ETA del panorama terrorífico.
Ruedas de prensa de Cosidó, noticias alarmantes en periodicuchos que promueven un cacao demencial sobre la base de la aparición sorpresa de un comando mateo morral, máximo exponente del reventamiento de bancos de madera, que traen a la palestra ese supuesto terrorismo anarquista. Si bien la mayoría de estas noticias y ruedas de prensa son dignas de mofa, oculto tras esa primera impresión esperpéntica esta el peligro de la represión hacia cualquiera que pueda ser considerado anarquista por las fuerzas del orden. El caso de Mónica y Francisco, en prisión preventiva desde hace meses por supuestamente formar parte del mateo morral es ilustrativo de como campañas mediáticas con o sin provocaciones al uso sirven para ejemplarizar el escarnio y encarcelar a individuos considerados refractarios al orden establecido.
La utilización del terrorismo anarquista, o directamente de actos de provocación para justificar la represión, viene de principios del movimiento obrero, no es nada nuevo.
Por ello nos parece interesante incluir este texto de la internacional situacionista (sección italiana) que incide directamente en el tema y que tiene bastante de actual.
Este texto, que aparece en Italia dos días después de unos atentados, resulta muy clarificador:

¿Arde el Reichstag?

Compañeros,

El movimiento real del proletariado revolucionario italiano lo está conduciendo hacia el punto en el que será imposible -para él y para sus enemigos- todo retorno al pasado. Mientras se disuelven una tras otra todas las ilusiones sobre la posibilidad de restablecer la “normalidad” de la situación precedente, madura por ambas partes la necesidad de arriesgar su presente para ganarse el futuro.

Ante el ascenso del movimiento revolucionario, a pesar de la acción metódica de recuperación de los sindicatos y de los burócratas de la vieja y la nueva “izquierda”, resulta fatal para el Poder desempolvar de nuevo la vieja comedia del orden, y esta vez juega la falsa carta del terrorismo, con el fin de conjurar una situación que lo obliga a descubrir todo su juego enfrentándolo con la claridad de la revolución.

Los atentados anarquistas de 1921, los gestos desesperados de los supervivientes del fracaso del movimiento revolucionario de la época, sirvieron a la burguesía de cómodo pretexto para instaurar, con el fascismo, el estado de sitio en toda la sociedad.

Fuerte -en su impotencia- en las lecciones del pasado, la burguesía italiana de 1969 ni necesita pasar por el gran miedo al movimiento revolucionario, ni tampoco esperar poseer la fuerza necesaria que no deriva sino de la derrota de aquél, para liberarse de sus ilusiones democráticas. Hoy en día, ya no necesita errores de viejos anarquistas que sirvan de pretexto a la realización política de su realidad totalitaria, sino que busca fabricarse uno ella sola, implicando a modernos anarquistas en el montaje policial, o manipulando a los más ingenuos de ellos mediante una grosera provocación. Los anarquistas, en efecto, cumplían todos los requisitos de las exigencias del poder: imagen separada e ideológica del movimiento real; su “extremismo” espectacular permite golpear a través de ellos al extremismo real del movimiento.

La bomba de Milán ha explotado contra el Proletariado. Dirigida contra las categorías menos radicalizadas para aliarlas con el poder, llama a la burguesía a cerrar filas para la “caza de brujas”: no hubo una masacre entre los agricultores por casualidad (en la Banca Nacional de Agricultura) pero sólo hubo miedo entre los burgueses (en la Banca Comercial). Los resultados, directos e indirectos, de los atentados, son su objetivo.

En el pasado, el acto terrorista -como manifestación primitiva e infantil de la violencia revolucionaria en las situaciones atrasadas, o como violencia perdida en el terreno de las revoluciones fallidas- nunca ha sido más que un acto de negación parcial y, por ello, recuperado de antemano: la negación de la política en el terreno de la misma política. Al contrario, en la situación actual, frente al ascenso de un nuevo periodo revolucionario, es el mismo Poder el que, en su tendencia a la afirmación totalitaria, expresa espectacularmente su negación terrorista.

En una época en que renace el movimiento que suprime todo poder separado de los individuos, el mismo Poder tiene que volver a descubrir, hasta llegar a la praxis consciente, que todo lo que no mata le debilita. Pero la burguesía italiana es la más miserable de Europa. Incapaz hoy de realizar su propio terror activo sobre el proletariado, no mira sino de tratar de comunicar a la mayoría de la población su propio terror pasivo, el miedo al proletariado.

Impotente y torpe, en la tentativa de bloquear con estos modos el desarrollo del movimiento revolucionario, y de crearse al tiempo artificialmente una fuerza que no posee, se arriesga a perder en una jugada ambas posibilidades. Por eso, las facciones más avanzadas del poder (internas o paralelas – gubernamentales o de oposición) han metido la pata. El exceso de debilidad lleva a la burguesía italiana al terreno del exceso policial; empieza a comprender que la única posibilidad de salir de una agonía sin fin pasa por el peligro del fin inmediato de su agonía.

Así el Poder ha de quemar, desde el principio, la última carta política de que disponen antes de la guerra civil o antes del golpe de Estado del cual es incapaz. La doble carta del falso “peligro anarquista” (por la derecha) y del falso “peligro fascista” (por la izquierda), con el único fin de enmascarar y hacer posible una auténtica ofensiva contra el verdadero peligro, el proletariado. Además, el acto con el que la burguesía trata de conjurar la guerra civil es en realidad, su primer acto de guerra civil contra el proletariado. Para el proletariado, ya no es cuestión de evitarla ni tampoco de comenzarla, sino de ganarla.

En adelante ha comenzado a comprender que puede ganarla no con la violencia parcial, sino con la autogestión total de la violencia revolucionaria y con el rearme general de los trabajadores organizados en Consejos Obreros. Sabe por consiguiente que en adelante ha de rechazar definitivamente mediante la revolución, la ideología de la violencia en tanto violencia de la ideología.

Compañeros: no os detengáis aquí: el poder y sus aliados tienen miedo a perderlo todo; nosotros no hemos de tenerlo de nosotros mismos: “no podemos perder más que nuestras cadenas y tenemos todo un mundo por ganar”.

¡Viva el poder absoluto de los Consejos Obreros!

Los amigos de la INTERNACIONAL

Sacco y Vanzetti Via Orsini n. 1970

Ciclostil robado

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2 pensamientos en “¿Arde el Reichstag?

  1. La cantinela de siempre de los defensores del orden. Qué manera más burda de criticar al insurreccionalismo es esa de insinuar que es la policía o que sus acciones favorecen la represión. El texto de la I.S. es bastante penoso pero el que lo introduce es para mear y no echar gota. Os habéis lucido chavales…

  2. No se trata de criticar el insurreccionalismo ni la violencia minoritaria ni se insinua que sea la policía, se trata de criticar el fantasma del terrorismo que usa el estado para justificar la represión. En muchas ocasiones ficticio. Puede que la introducción y el texto puedan llevar a equivocos pero no es el caso este en el que se critique la violencia minoritria o insu por que lleve a la represión, creo que se intenta precisamente lo contrario.Al menos esa es mi opinión y viendo el cariz de la publicación me parece lo mas logico de pensar

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