PRESENTACIÓN

número 1 /febrero 2014 : descargar en PDF
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Alianzas cuya primera clausula es la separación; luchas cuya primera ley es la indecisión; en nombre de la calma una agitación desenfrenada y vacua; en nombre de la revolución los más solemnes sermones en favor de la tranquilidad; pasiones sin verdad, verdades sin pasión. Héroes sin hazañas heroicas (…) Si hay pasaje de la historia pintado en gris sobre fondo gris es este(…) Y cuando por fin aparece el “espectro rojo”, constantemente evocado
y conjurado, no aparece tocado con el gorro frígio de la anarquía, sino
vistiendo el uniforme del orden, con calzones rojos”
K. Marx. El 18 Brumario de Luis Bonaparte

“La vida pasa, la vida se escapa, los días desfilan al paso del aburrimiento
El partido de los rojos, el partido de los grises… nuestras revoluciones van traicionando.
El trabajo mata, el trabajo paga. El tiempo se compra en el supermercado
El tiempo pagado no se recupera nunca más. La juventud va muriendo de tiempo perdido.
Los ojos hechos para el gusto de amar, son el reflejo de un mundo de objetos.
Sin sueños y sin realidad, a las imágenes somos condenados.
Sin sueños y sin realidad, a las imágenes somos condenados.
Los fusilados, los hambrientos… vuelven a nosotros desde el fondo del pasado.
Nada ha cambiado, todo vuelve a empezar… para madurar en la violencia.
Que ardan los antros de los curas, las guaridas de mercaderes, de policías…
En el viento que siembra la tormenta cosechemos días de fiesta.
Las armas que hoy nos apuntan, contra los jefes se volverán.
Contra los dirigentes, contra el Estado… que roban los frutos de nuestros combates.”
Raoul Vaneigem. La vida pasa.

 

La Racaille es un medio de expresión creado por una serie de personas a las que no nos une una ideología, ni la pertenencia a cualquier tribu de la militancia estética, ni nada por el estilo. Somos producto del sistema capitalista y nos une el rechazo total a este mundo en el que vivimos, el rechazo a seguir siendo meras mercancías en manos del capital, que son utilizadas cuando hacen falta y arrojadas a la basura cuando dejan de ser necesarias. El rechazo a este mundo donde no tenemos más valor que el que puedan tener cualquiera de esas mercancías que nuestra clase fabrica cada día para el enriquecimiento de quienes controlan los medios de vida, para los dueños del mundo y de nuestras “propias” vidas. El rechazo, a fin de cuentas, a la totalidad de las relaciones creadas y heredadas por el capitalismo.

Queremos, a través de este medio contribuir a recuperar la voz del movimiento histórico que anula y suprime las condiciones de vida existentes.

Es casi imposible salirse del discurso marcado por el capital, la información convertida en mercancía, es ocultada, manipulada y maquillada para que no se alteren los consumidores ni pongan en cuestión absolutamente nada. Y quizás una de las mayores armas del capitalismo sea el discurso de quienes diciendo combatirlo, no hacen sino fortalecerlo. Por ello vemos necesario también combatirlo. Nada nuevo estamos haciendo. A lo largo de la historia, tener su propio medio de expresión, fue asumido por los revolucionarios como una de las tareas principales de la lucha. Mucha de su fuerza, tuvo que ver, entre otras muchas cosas, con la creación de esos medios propios. En la  actualidad vemos también cómo una serie de iluminados y ‘comunicadores varios’, aboga por usar los medios del capital, la televisión sobre todo, pero también tribunas de la prensa escrita y digital, ‘para combatirlo’. Socialdemócratas, que juegan a rebeldes, y acuden a programas y foros de cualquier pelaje a soltar su rollito contrarrevolucionario con tintes progres y dan lecciones sobre, dónde y cómo hablar a las tristes masas… borreguiles. Si están en esos medios, es porque no representan el más mínimo peligro para el capital. Ningún interés tiene éste en meter al enemigo en casa, sino a aquellos que diciendo combatirlo, le hace un gran favor representando una falsa oposición que lo que generalmente hace es apuntalar los cimientos del sistema repitiendo su mismo discurso.

Por otra parte están los medios autodenominados de contrainformación, que salvo excepciones, no hacen sino reproducir el discurso del poder, contribuyendo a alimentar sus cortinas de humo. A menudo caen en el error de convertirse en el tópico de “ser la voz de los sin voz” sin más criterio, publican cosas contradictorias mudándose en una suerte de “cajón desastre” de expresiones voluntaristas, sin cuestionamientos ni debates colectivos, en nombre de una supuesta pluralidad que lo que finalmente consigue, con ese constante flujo informativo sin ton ni son, es añadir confusión al proyecto revolucionario a la vez que acaba rebajando el discurso en aras de una ‘masa social’ más amplia.

Hoy en día, vemos como en internet el torbellino de las redes sociales, webs, blogs, etc. nos sumerge en lo inmediato, en lo volátil, lo trivial… saturando la información para hacerla más indetectable. El mismo formato –la pantalla– invita poco a la reflexión en profundidad, al debate sosegado, a la permanencia en el tiempo. Por ello aunque no desechamos la herramienta de internet, que en muchos casos es muy útil, apostamos por la necesidad de mantener el formato de la publicación en papel, complementándola, con un blog en el que iremos colgando los números en pdf.

Pretendemos crear un medio que combata el discurso dominante y el de los falsos críticos, fomentando el debate. Que nadie espere leer aquí información imparcial y objetiva, somos beligerantes y vemos la necesidad de expresar nuestro discurso y analizar el mundo desde un punto de vista antagónico al sistema. Nada es imparcial ni objetivo, es imposible no tomar partido en la guerra de clases…Y aunque fuera posible, no sería esa nuestra intención.

No somos unas iluminadas que sepamos perfectamente lo que hay y lo que no hay que hacer, simplemente intentamos aprender de las lecciones históricas para avanzar, y la mejor manera es combatiendo las ideologías, dogmas, organizaciones  y demás encuadramientos que han demostrado a lo largo de la historia que no son más que armas del capitalismo  contra nuestra clase. Por eso vemos la necesidad de contrarrestarlo desde la crítica, una crítica más que necesaria a día de hoy, que debe servir para no caer una y otra vez en las mismas trampas. El sindicalismo, el nacionalismo, la socialdemocracia, que algunos llaman ahora socialismo del siglo XXI, como si fuera una novedad, han demostrado siempre ser ideologías que sabotean el ímpetu revolucionario del proletariado canalizándolo hacia reformas y conduciéndolo a la derrota, cuando no lo reprimen directamente. Reforma tras reforma hasta la derrota final.

La crítica a toda esta serie de encuadramientos no va dirigida a personas concretas sino a los encuadramientos en sí. No vamos a hacer aquí lo que llaman ‘crítica constructiva’, porque lo que queremos es destruir. Destruir todo lo que nos frena, todo lo que nos impide salir a por el todo. Destruir a las marionetas del poder que mediante el espectáculo de la falsa protesta intentan (y en muchos casos lo consiguen) anestesiar nuestra rabia con performances, tanto inflamables como no. Destruir a quien nos tacha de provocadoras cuando protestamos contra quien frena al proletariado e intenta canalizar sus luchas desgastándolo hasta el agotamiento.

El ‘amor’ a ‘mi organización’, como tribu, o a ‘mi ideología’, como armazón sentimental, arrastra a miles de personas, no como medio de lucha sino como comunidad ficticia a la que pertenecer sin más. Un ‘amor’ derivado de la mistificación en base a un ‘pasado mejor’ (si es que lo fue), un delegacionismo brutal y una falta de compromiso y de ganas de luchar realmente, que lleva a salir a procesionar, cuando ‘llaman a filas’, cada uno con sus santos y pendones particulares, o induce a la representación festivo tribal de ‘la revuelta’. A pesar del visible fracaso de estos procederes, el miembro, socio, militante… acepta sin rechistar todo lo dicho y hecho por su tribu y se combate, ya sea mediante las ‘versiones oficiales’ o los tópicos ramplones de siempre, a quien se salga del redil. En ese mismo proceso, el temor de verse aislada de la comunidad ficticia (no muy diferente al fanatismo por un equipo de futbol) y a romper la unidad, tan cacareada como falsa, lleva a soslayar la autocrítica.

Nosotras estamos por la unidad, ¿pero la unidad de quien y para qué? Organizaciones, partidos y sindicatos, cada cual con sus intereses muy particulares, promueven la táctica socialdemócrata de los frentes populares, que tan nefastos se demostraron para el proletariado. Todos, sin excepción, allanaron el camino al fascismo que decían combatir. ¿Caer otra vez más en la derrota repetida miles de veces? ¡Evidentemente, NO! Estamos cansadas de ver como a lo largo de nuestra historia se cae una y otra vez en las mismas trampas. Abogamos por la unidad del proletariado constituido en clase y por romper con estas marionetas del capital, para combatirlo realmente. Unidad SÍ, pero para luchar por tomar el control de nuestras vidas, para acabar de una vez por todas con el capitalismo y todas las relaciones sociales que creó y heredó de sistemas anteriores, no para reformarlo o darle una cara más amable. Mistificando derrotas y rehusando la crítica, que deja ver los fallos pasados, seremos incapaces de avanzar hacia la abolición del capitalismo.

No nos tragamos el anzuelo del activismo, de las buenas intenciones o de los actos inocentes. Parece que el esfuerzo en sí, el trabajo y la dedicación, son motivos en sí mismos que están exentos de crítica, y que no se puede decir nada: “no se puede criticar porque se lo curró  mogollón”, por mucho que ese trabajo sea contraproducente o del todo pernicioso. Parece no importar si ese ‘gran curro’ refuerza (consciente o inconscientemente) al  capitalismo. De mano debemos decir, aparte de eso, que estamos en contra del trabajo, y si algo es criticable se critica, sea cual sea el tiempo y esfuerzo que se invirtió, lo que a fin de cuentas es importante es el resultado. El resultado de nuestras acciones debe hacernos avanzar, si eso no es así debemos al menos sacar las lecciones de tantos esfuerzos y recursos gastados. Un cocido de lentejas es para comerlo, si se quema, por mucho que se haya currado en hacerlas, son incomibles…

Repetimos: no somos unas iluminadas que sepamos lo que hay que hacer, simplemente tratamos de aprender, y ver lo que NO hay que hacer, a través de la experiencia practico-teórica, tanto la propia como la ajena. Si algo han dejado las luchas anteriores han sido lecciones que extraer.

Somos conscientes que seremos rebatidas con los cuatro tópicos que a menudo se arrojan cuando se esquiva el balance crítico de las acciones: ¿y tú qué haces?… sois unos revolucionarios de chigre, si no te gusta móntate tú una mani , sois unos sectarios, etc. Hasta tal punto llega en ocasiones la autocomplacencia que no deja ver los errores propios y de verlos se niegan por lo dicho anteriormente: ‘viva mi equipo manque pierda’. Si bien ejerceremos la crítica destructiva, no eludiremos la autocrítica, absolutamente necesarias la una con la otra, ya que presuponemos que también cometemos errores. Por ello llamamos a contribuir al debate y a la confrontación (fuera de los tópicos) mediante aportes y una sección de correo. No somos un partido, ni un sindicato, ni nada por el estilo, no tenemos moto para vender, simplemente somos proletarias intentando avanzar.

Trataremos de exponer y dinamizar esto y más, a través de escritos propios y ajenos, presentes o pasados, de la lucha de clases.

Como decía una mítica publicación que surgió en los
90 en el vertedero asturiano:
SI NOS QUITAN LA PALABRA DEMOS GRITOS,
SI NOS AGREDEN DEFENDÁMONOS,
SI NO NOS ESCUCHAN: ATAQUEMOS

POR LA AUTONOMÍA DEL PROLETARIADO
POR EL COMUNISMO – POR LA ANARQUÍA

revistaracaille@gmail.com

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